Las distintas caras de la restricción

De forma general, cuando nuestra relación con la comida se ve afectada, la restricción suele ser el foco o uno de los factores que estén apareciendo.

Me encuentro en consulta, sobre todo en episodios de atracón, una dificultad para reconocer la restricción

Esto es porque la restricción tiene distintas caras y unas son más fáciles de reconocer que otras, teniendo en cuenta en el contexto en el que vivimos y la cultura de dieta, que a veces “normaliza” ciertos tipos de conductas.

Lleve la máscara que sea, la restricción es restricción y siempre será un problema en cuanto a una relación sana con la comida, y nuestra relación con el cuerpo y el deporte.

¿Qué formas de restricción existen y que efectos provocan en mí cada una de ellas?

La menos sutil y más fácil de identificar es la restricción calórica. Consiste en limitar el consumo de alimentos que nuestro cuerpo necesita. Puedes identificarla cuando tienes una lista de alimentos prohibidos, cuando controlas de manera intencionada lo que comes (contar calorías, contar macros, etc.)

La restricción física afecta al instinto de supervivencia, por lo tanto las consecuencias será un hambre voraz, sensación de pérdida de control (lo conocido también como atracones). Nuestro cuerpo necesita corregir ese déficit calórico que hemos generado.

Por otro lado, la restricción social, es decir, comidas de eventos sociales: salir a cenar con amigos, bodas, comuniones… Significa obsesionarse con comer solamente alimentos “sanos”, evitando otros que contengan azúcar, como chocolate, helados tartas y demás. En esta restricción sí que comemos y puede que no estemos en déficit calórico, pero restringimos ciertos alimentos que consideramos como prohibidos o que engordan y por lo tanto generan un deseo en mí.

Este tipo de restricción nos hace caer en el todo-nada. Cuando como alguno de estos alimentos a nivel social, vuelvo a “perder el control” y ingieres mayor cantidad hasta sentirte desagradablemente lleno. Esto nos hace volver a compensar o pensar que no somos capaces de control, y volvemos a nuestras restricciones manteniendo así el ciclo de la restricción y por lo tanto, nuestra relación con la comida.

Y por último, la restricción mental. Me he encontrado algún caso que me decía: “Natalia, pero si como de todo. No me prohíbo nada, ¿por qué de X alimento no puedo parar de comer y siento que pierdo el control?”

Cuando exploramos y vamos más allá,  puede que exista una restricción mental del tipo “me como solo dos y paro” “me termino esta bolsa y ya no compro más”. Además de pensamientos relacionados al alimentos, como sentirme culpable o que no debería estar comiéndome ese alimento, buscar compensarlo de alguna forma…

Las consecuencias de este tipo de restricción es la culpa posterior a la ingesta. Esto genera ansiedad y nos lleva a comer más rápido y otra vez a esa sensación de perdida de control. Por esto mismo es importante permitirte comer cualquier alimento o cualquier cantidad del mismo.

Como vemos, el problema de a veces esa sensación de pérdida de control se debe a la restricción. Si quieres mejorar tu relación con tu cuerpo y la comida, un buen ejercicio podría ser empezar a identificar estas formas de aparición de la restricción, para poder trabajar, tomar distancia con ellas y eliminarlas.